Me hunde de nuevo
el demonio que me puso las cadenas.
Me apresan los recuerdos.
Me ahogan.
Me entierran en un mar de dolor.
Envuelto me hallo
entre oscuras emociones.
Se cortan mis palabras
tratando de atravesar
la afilada venda
que mi boca oprime.
Y ceñido al abismo,
ahorcado en lobreguez,
oculto mis ojos tras un fino manto.
Aletargado,
no hallo senda.
Perdido,
mientras mis emociones se pudren.
Dispersas.
En el oscuro valle de mi decadencia.




